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domingo, 8 de noviembre de 2009

Tengo en este momento, en mi escritorio, una cámara de fotos, un iPod, una billetera con el cierre dañado, unas gafas, libros de inglés, el libro de dibujo y unas películas de Uma Thurman. Las ventanas abiertas en mi compu, mientras escribo este post: twitter, un blog, bittorrent con "La Sirenita" al 98.1% y suena Eleanor Rigby de The Beatles.


Y ahora que me pongo a pensar todo eso me gusta, me molesta, me llena, me hace. Quiero sacarle el jugo a esa cámara, me han felicitado por lo que he logrado con ella y todavía tengo que trabajar en eso. El iPod me acompaña, me saca del aburrimiento, junto con la cam son la mejor compra que pude hacer con el sueldísimo de mi único trabajo. La billetera la tengo solo por los documentos, porque no tiene nada de dinero, solo el recibo de la última vez que fui al banco, no tengo ni para comprarme una nueva, de hecho no necesito otra porque la tendría igual de vacía. Las gafas... pues son las primeras que he tenido en la vida, como uso lentes y estoy ciega entonces las gafas tenían que salir con medida y cada que puedo las uso. Los libros del maldito inglés que me perseguirá toda la vida, por lo menos el profe me cae rebien y creo que yo también le caigo bien a él, lo que hace más llevadero el asunto, quiero estudiar francés e italiano. No sé dibujar, pero me encantan los crayones y hago con ellos lo que me da la gana. A Uma Thurman no le quedan bien las películas románticas. 


Soy una adicta a twitter, y no me importa lo que piense el resto, me encanta lo que escribe el resto del mundo, me gusta enterarme de las cosas antes que el resto, me gusta hablar con gente que desconozco. El blog me encantó, desató una discusión sobre si la nena que lo escribe es emo o no, yo digo que no, tiene muy buen estilo, qué opinan ustedes?. Finalmente La Sirenita, me estoy olvidando las tramas de la mayoría de las películas que veía cuando era niña y empezaré con esa. 


Resumiendo... esto salió un poco largo. Y no sé qué hacer de mí, ni conmigo, ni sin mí.




martes, 3 de febrero de 2009

El resultado de no dormir. Más allá de las ojeras, el llegar atrasada a la oficina, el estar en Automático hasta las 10.30 y después del almuerzo o el olvidar los aretes, los efectos del cansancio van directo a la sensibilidad.

Así es, esta nena que parece de roca saca su lado más sensible cuando no está en sus cinco sentidos y su razón trabaja a 40% menos de su capacidad normal. Mostrando sus efectos así:


Los reclamos de mi ma se vuelven más dolorosos, no creo que se aproveche de mi estado.


Cualquier canción romántica me hace soltar un "oooooh" interno y pienso que Ensayo de una boca es la mejor canción que existe.


Cualquier frasecita linda me recuerda que no tengo medio limón desde hace mucho, y que necesito uno.


Extraño a mis amigos y hago lo posible por pasar bien con ellos, tolerar sus bromas y no convertirlos en víctimas de mi estrés.


Cualquier detalle sweet puede lograr que mis ojos se llenen de agua, con mucha facilidad.


Considero que encariñarse con alguien puede ser muy doloroso.


No puedo dejar de pensar en baobabs, en sus amenazas de reventar en algún rincón interno. Inevitable.


Así pues, por suerte (o desgracia), no ocurren muy seguido, pero existen, saltando de cuando en cuando de esa caja de sorpresas que resultó convertirse en mí.

sábado, 24 de enero de 2009

Una vez terminada la reunión twittera, con caras nuevas y siempre con buenos recuerdos, disponíame a regresar a mi casa. Yo no sé si en realidad es suerte lo que tengo, pero es la quinta vez que llego con las justas al último bus. No fue Amaguaña, pero sí Condorvall... igual la experiencia no difiere mucho entre las compañías.

La típica de la señora que cree que está sola en este mundo y tiene un celular que quién sabe cuántas caídas habrá tenido para que ella no escuche nada, o realmente esté sorda, que le llaman y empieza con un: Sí, ya estoy en el último bus, en el puente 6 me bajo! Sí! sí! ya voy a la casa!

Pasó.

Luego, a la altura del trébol, apagan la luz del bus. Así que todo se tornó oscuro y tétrico por unos minutos. No podía sacar el celular y ponerme los audífonos y olvidarme de todo porque simplemente sí me quiero un poquito y pues eso hubiera sido peligroso. Pero eso estaba por venir. El señor que estaba sentado al lado mío se bajo un rato después. En seguida se sentó otro señor, mono (de la costa pa los que no se ubican mucho), que empezó con la preguntadera:

(En tono de cojteño)
- Dijculpe sheñorita, ujté sabe si ejte bus va a la ejpe?
- No señor no sé. Creo que se va directo a Sangolquí.
- Pero no pasa por la ejpe? Dónde se baja ujté?
- No sé señor. Yo me bajo en el triángulo.
- Bueno gracias... pero no se enoje.

Digamos que no estaba enojada, estaba ASUSTADA, creo que me dejé puesto mi mensaje en la frente de Hágame la conversa.

Me puse a analizar la situación, el señor olía a pescado crudo que daba gusto, luego estaba con una mochila en la espalda que no se sacó jamás y una bolsa blanca que llevaba en el piso. Así que, si el man se bajaba en el triángulo me daba tiempo suficiente pa yo salir corriendo, en el peor de los casos, y que él no me alcance, además mi madre ya me estaría esperando en el carro y todo saldría bien. Por otro lado ese rato pudo haber sacado quién sabe qué cosa de su bolsillo y ese rato pedirme todas mis pertenencias y yo no hubiera podido decir No hay chance.

En este punto no sabía si pensar que en realidad el señor tenía buenas o malas intenciones, si en realidad estaba perdido y necesitaba quedarse en la espe o solo lo hacía por conversar conmigo. No sé por qué siempre terminamos pensando lo peor ante una situación que consideramos de peligro o extraña o qué sé yo.

Ya un poco más adelante la señorita cobradora iba a hacer de las suyas cuando otra vez se dirige a mi el señor:
- Dijculpe sheñorita, ujté me dijo que se quedaba en el triangulo cierto?
- Sí señor.
- Permítame pagarle el pasaje...
(WTF o sea me vio con cara de No tengo plata o qué)
- No gracias, señor, no se preocupe.
- En serio déjeme pagarle el pasaje, así con todo rejpeto.
- No gracias señor, yo me pago mi pasaje.
- Pero no ejtá enojada verdad? Verá que yo soy bien rejpetuoso...
- No se preocupe señor. Yo me pago mi pasaje.

Pasó. Pero el man no se cansó.

- Dijculpe sheñorita tiene la hora?
(Y yo a propósito)
- 10 para las 9. (Mentira, era 10 para las 10 y el man ni cuenta, solo se fijó en mi reloj.)
- Gracias.

Ahí sí me asusté un poco más.

Ya casi llegando al triángulo, con mi madre ya esperando. Solo pedí permiso, el man se levantó, también se iba a bajar, yo me adelanté lo más que pude y me bajé. Crucé las respectivas calles que debía cruzar, y antes de subirme al auto lo ví conversando con una señorita en la vereda, igual le preguntaba algo de dónde está la espe o algo así.

Y bueno. Necesito un carro. O no volver en el último bus a casa.

sábado, 1 de noviembre de 2008


Ciudad blanca, de neblina, lluvia y frío, que guardas misterio en tu timidez, difícil de engañar, difícil de ocultar, que todo lo descubres, que no te dejas descubrir y en ello guardas tu encanto, de amanecer gris pero sonrisa cálida.

Cuando volveré a verte? A recorrer tus calles y guardar recuerdos de cada esquina? A perderme en tus avenidas y a que te pierdas en mi cabeza?

Queda grabado en la noche cada paso, cada sonrisa y silencio, invítame a quedarme, dame de tu aire y tus sombras, que solo así puedo sentirme bien mientras camino sola, pensando en ti, queriendo volver a ti.

[Soundtrack: Duérmete junto a mi - Tercer mundo]

domingo, 12 de octubre de 2008

No sé qué pasó... ni cómo, pero ese placer que sentía al degustar algo se va a ir al infierno por algunos días. Estaba ayer con mis amigos, celebrando el cumple de una amiga en matiné reguetonerísima con harto flow y chamo colegial, cuando un dolor me obligó a llevarme la mano a la oreja, un amigo se acerca y me dice: ahora andas de guardaespaldas de alguien? quita esa mano de ahí! No podía, el dolor se volvió tan intenso que me puse en pause por unos minutos, pensé que por un momento mi organismo estaba rechazando música de tan tristes composiciones y mi oído reventaría, pero no. Luego pensé que serían las muelas que están moviéndose, pero tampoco porque esas me las sacaron hace bastante tiempo, descarté también la idea de haber dormido mal, de haber sido así pues me hubiera dolido todo el día y eso no ocurrió.

Y si es un mensaje de que ya deje de comer? Y si se me ha dislocado la mandíbula y la simetría de mi cara se ha perdido? Y si es un mensaje de que debería volver a la cita con el ortodoncista? Y si es mi oído que está hinchado y quedaré sorda y condenada a usar esos aparatitos que usan los viejitos?

Por ahora no puedo cerrar la boca, juntar las mandíbulas o masticar chicle. Si el dolor no pasa hasta mañana tendré que tomar más pastillas y hacer una que otra llamada o tal vez, tal vez, ir al doctor...

lunes, 29 de septiembre de 2008

El verano estaba por terminar, de hecho era el último día de descanso para todos. Ellos no se habían visto más que una vez en todas las vacaciones, durante la época de universidad siempre pasaban juntos, por amistad, camaradería y también por las obligaciones que los estudios demandaban; sin haber acordado cada uno se dedicó un poco a su vida en el verano, para distraerse y guardar un poco la distancia antes de que la costumbre y el aburrimiento invadan su relación. Eran la pareja perfecta en el baile, no necesitaban de otro lenguaje para entenderse; él, muy delicado, la llevaba al compás de la salsa y ella disfrutaba cada segundo, hacía meses que no bailaban, ambos lo extrañaban.

Un día antes de empezar clases, nuevamente, decidieron salir, definitivamente se extrañaban, se necesitaban, tantos años de amistad, de esas que duran para toda la vida y vencen cualquier obstáculo, que perdonan, olvidan y aman. Fueron a uno de los sitios más concurridos de la ciudad, bares, discotecas y restaurantes que guardan siempre una historia para cada día, con nuevos protagonistas, que sin quererlo tejen recuerdos que se impregnan en cada esquina, cada vereda, cada rincón.

No tenían ganas de beber, solo de pasarla bien, amantes del chocolate los dos, coincidieron en gustos y encantados con su sabor hicieron más llevadera la conversación, hablaron de recuerdos, de planes y de futuro. Al rato empezaron a retumbar unos timbales, anunciando la presentación de una orquesta de tropicales... un señor, embebido en la música felicitó a los artistas diciendo La voz de la cultura, el aplauso y la propina... Ahhh, qué bien que se sentía ese ambiente, ella tarareaba algunas canciones y su cuerpo se movía por inercia al ritmo de la música, ambos criticaban cada canción interpretada por el grupo, y la mayoría de ellas traía recuerdos de cada uno y de los dos, el cumpleaños de ella, la salida que hicieron junto con otros amigos meses atrás. Ella moría por bailar, pero era un lugar público y seguro que a él no le gustaría la idea de pasar el ridículo frente a extranjeros y nacionales, él siempre era cuidadoso con ello.

Pero llegó esa canción, esa que los unía a los dos, que les trajo tantos recuerdos de cuando estaban indecisos, si seguir o conservar la amistad, esa canción que hablaba de la razón, ella, y el corazón, él. Guardaron silencio, decir algo hubiera sido redundante en ese momento. De repente ella bajo la cabeza un poco, como con la mirada perdida, y segundos después vio la mano de él que la invitaba... a bailar? estás seguro? preguntó ella, él solo sonrió. Y fueron los cuatro mejores minutos que ella había vivido durante todo el verano, se olvidaron de los demás, solo era la orquesta y los dos. Tenían todas las miradas en sus pies, en sus brazos y en sus sonrisas, a ellos no les importaba.

Terminó la melodía y volvieron a sus asientos, terminaron su café y salieron. En la despedida se dieron un abrazo, una mirada y un hasta mañana.

[Soundtrack: Conciencia- Gilbeto Santa Rosa.]

viernes, 12 de septiembre de 2008


Desde la ventana de la oficina solo podía ver el reflejo del sol en la pileta de la mini plaza a la que nunca va nadie, solo los empleados de la empresa los días lunes cuando tienen que hacer su trabajo de quitar la basurita y limpiar la piedra con cloro. Y ese cielo tan celeste, no sé mucho de estaciones acá en Quito, nunca me ubico si es otoño, invierno o verano, y tampoco me sé cuál es el orden de las estaciones, es que en este país todo es tan mezclado que en un día se pueden tener las 4, incluso en el ánimo.

Así que no perdí tiempo, sin dudar me comuniqué con un muy buen amigo, de esos con los que se puede tener una charla eterna solo con una taza de café y los temas más variados, desde las disyuntivas existenciales hasta el tema de moda, el Sí o el No. Aceptó sin ningún problema, pero hasta la hora del encuentro no tenía particularmente nada que hacer. Así que decidí ir a averiguar sobre las clases de italiano... aaay sí que es lindo ese idioma. El problema: no recordaba la dirección, hace unos tres años fui por única vez al instituto donde daban las clases pero realmente tengo mala memoria, así que comencé a hacer las respectivas llamadas, alguien de mis contactos debía saber cómo llegar allá. Primer intento, no no tengo idea. Segundo intento, uuuy... no no me acuerdo solo fui contigo esa vez pero nunca más volvi. Tercer intento, no estoy muy seguro, déjame ver en internet y te llamo. Voilá! caminé como 20 minutos tanto por cuestas peligrosas y concurridas como por calles solitarias y oscuras, pero llegué! Cumplida la misión me disponía a ir al lugar de encuentro. Ahora... eh... qué bus cojo? Me sentí una completa extranjera en mi ciudad, sí, tengo que salir más seguido y caminando, después de intentar poner al norte en su lugar alcancé a tomar el bus. Las luces de la ciudad ya estaban encendidas y el ánimo de la gente también, es que no es para menos, es viernes, la semana ha terminado, en mi caso las bases de datos y código y jsp's y etc. se iban a dormir hasta el lunes (si algo no voy a permitir es que mi carrera me consuma la vida). 

Plaza Foch y mi amigo no llega, no me preocupo, el lugar es muy concurrido, bares por todo lado, gente por todo lado, risas, gringos, carros, música, frío. Necesitaba de eso. Al fin el café y la conversación, sí que uno aprende de los demás, y de uno mismo, el tiempo pasa volando cuando más deseamos su permanencia. En fin, como todo buen caballero mi amigo me acompañó a tomar el bus (punto a favor para el género opuesto :) ), y como es de suponer, cada viaje en cualquier bus es una aventura completa, señorita acomódese ahí por favor, el espacio en el que debía entrar no era mayor al de un cuaderno universitario abierto, wtf! cómo voy a entrar ahi??? Intentemos, y claro, para variar todo el mundo observando, especialmente los/las de las primeras filas. En fin, ya estaba sentada (lo logré! sí!), el cobrador del bus un completo galán, y al lado mío una chica colombiana: hola papi, me escuchas? sí muy bien amor y tú cómo estás? te cuento que voy a bajar a Colombia porque luego me voy a Italia, sí papi me voy a Italia y quiero despedirme de mi familia, ah y me voy a hacer la liposucción antes de viajar, sí.. me escuchas? uy se cortó la llamada...  (Me quiero bajar, me quiero bajar).  

Ya intentando distraerme luego de la llamada de la lipo le escucho a un niño, sentado en el motor, cantando música rocolera, no le doy más de 8 años pero qué sentimiento para cantar Dios!!! Resulta que era el hijo del señor que conducía el bus, insisto, cada viaje en esta ciudad es una nueva historia, y en viernes por la noche el niño estaba feliz acompañando a su papá en el recorrido del bus. Semáforo en rojo, es hora de bajarse.

Hola ma. Hola hija cómo te fue? Bien... 


[Soundtrack not set yet... any suggestions?]

 

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