lunes, 29 de septiembre de 2008

El verano estaba por terminar, de hecho era el último día de descanso para todos. Ellos no se habían visto más que una vez en todas las vacaciones, durante la época de universidad siempre pasaban juntos, por amistad, camaradería y también por las obligaciones que los estudios demandaban; sin haber acordado cada uno se dedicó un poco a su vida en el verano, para distraerse y guardar un poco la distancia antes de que la costumbre y el aburrimiento invadan su relación. Eran la pareja perfecta en el baile, no necesitaban de otro lenguaje para entenderse; él, muy delicado, la llevaba al compás de la salsa y ella disfrutaba cada segundo, hacía meses que no bailaban, ambos lo extrañaban.

Un día antes de empezar clases, nuevamente, decidieron salir, definitivamente se extrañaban, se necesitaban, tantos años de amistad, de esas que duran para toda la vida y vencen cualquier obstáculo, que perdonan, olvidan y aman. Fueron a uno de los sitios más concurridos de la ciudad, bares, discotecas y restaurantes que guardan siempre una historia para cada día, con nuevos protagonistas, que sin quererlo tejen recuerdos que se impregnan en cada esquina, cada vereda, cada rincón.

No tenían ganas de beber, solo de pasarla bien, amantes del chocolate los dos, coincidieron en gustos y encantados con su sabor hicieron más llevadera la conversación, hablaron de recuerdos, de planes y de futuro. Al rato empezaron a retumbar unos timbales, anunciando la presentación de una orquesta de tropicales... un señor, embebido en la música felicitó a los artistas diciendo La voz de la cultura, el aplauso y la propina... Ahhh, qué bien que se sentía ese ambiente, ella tarareaba algunas canciones y su cuerpo se movía por inercia al ritmo de la música, ambos criticaban cada canción interpretada por el grupo, y la mayoría de ellas traía recuerdos de cada uno y de los dos, el cumpleaños de ella, la salida que hicieron junto con otros amigos meses atrás. Ella moría por bailar, pero era un lugar público y seguro que a él no le gustaría la idea de pasar el ridículo frente a extranjeros y nacionales, él siempre era cuidadoso con ello.

Pero llegó esa canción, esa que los unía a los dos, que les trajo tantos recuerdos de cuando estaban indecisos, si seguir o conservar la amistad, esa canción que hablaba de la razón, ella, y el corazón, él. Guardaron silencio, decir algo hubiera sido redundante en ese momento. De repente ella bajo la cabeza un poco, como con la mirada perdida, y segundos después vio la mano de él que la invitaba... a bailar? estás seguro? preguntó ella, él solo sonrió. Y fueron los cuatro mejores minutos que ella había vivido durante todo el verano, se olvidaron de los demás, solo era la orquesta y los dos. Tenían todas las miradas en sus pies, en sus brazos y en sus sonrisas, a ellos no les importaba.

Terminó la melodía y volvieron a sus asientos, terminaron su café y salieron. En la despedida se dieron un abrazo, una mirada y un hasta mañana.

[Soundtrack: Conciencia- Gilbeto Santa Rosa.]

4 comentarios:

Pato´s dijo...

me gusto lerte esta buenisimo tu blog!!

te dj el mio por se keres conoserlo www.nadasoloyo.blogspot.com

saluditoss..

linda historia!!

Toto dijo...

Me hiciste recordar el día que te vi bailando en tv y no me di cuenta que eras tú ... jeje

Chévere la historia.. melancólica...

Mariano dijo...

Todos los reencuentros son buenos... siempre hay tiempo de oportunidades...

Te espero en mi blog!

Saludos!

Tebam dijo...

q lindo post!! me llena de recuerdos sentimentales xD

besosssss!!! =D

 

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