Casi nunca supe de ti, toda mi niñez fuiste una figura ausente. Sabía que existías pero no sabía cómo eras ni qué hacías de tu vida, solo me contaban historias de por qué te separaste de la familia, quedando como el malo de la película.
Pasaron los años y con ellos te fuiste ganando el perdón de los que alguna vez fueron los tuyos. Mi mamá aprovechó una única oportunidad, después de muchísimos años de no verte, y te encontró. Desde ese momento supe un poco más de ti, dónde vivías, qué hacías y qué tal te iba con tu nueva familia. Realmente fue un gusto saber que tantos tus hijos (mis tíos postizos) como tú estaban deseosos de conocernos a mi hermano y a mí. Por parte de mi hermano se te cumplió el deseo, de mí solo te quedaste con una foto.
Qué tristeza me inunda ahora saber que ya no estás acá. Ni con tu familia que te tuvo hasta el último respiro ni con nosotros que solo fuimos parte de tu pasado. Me da más tristeza saber que nunca te llegué a conocer, pero que por lo poco que conversabas con mi mamá sí guardabas un poco de humor y sencillez. Es un poco absurdo saber que estoy triste por alguien que no conocí, pero el hecho de saber que existías sí me dejó cierta esperanza de algún día poder encontrarte. Eso ya no va a ocurrir.
Rest in peace, grandpa.
Siempre son tiempos de empezar de nuevo
Hace 1 año



