sábado, 22 de octubre de 2011

Esto de ser grande tiene sus caídas bien feas. Un día estás bien y al siguiente una mala noticia y luego otra y luego otra, y no puedes botarte porque hay más responsabilidades que las que podías soportar hace un tiempo atrás. Siento que muchas cosas injustas pasan a mi alrededor, tal vez sea envidia, tal vez no sea el momento. El punto es que llega un rato en que me canso de esperar, de que esos sueños se materialicen. Llega ese punto en el que me resigno y me limito a un Bueno, tal vez en otra vida, tal vez en un mundo paralelo yo sí obtengo lo que quiero.

No debo quejarme demasiado, he tenido muchísimas cosas hermosas este tiempo que mi vida ha dado un giro, pero no me acostumbro a eso de acostumbrarme. Hoy pensaba, en medio de un chuchaqui que no me dejaba levantarme de cama, si mi vida es así de "aburrida" y monótona ahora, no me quiero imaginar en algunos años. Es como un miedo de que todos los días sean madrugar, ir al trabajo, al gimnasio, clases y dormir, y los días libres pasar donde los suegros, donde los padres, etc. No quiero eso.

En todo caso, me siento mal, pésimo, cada que algún familiar habla de sus super viajes a otros países y todo lo que han conocido y sus maravillosas sugerencias de que nosotros que aún no tenemos hijos debemos aprovechar y hacer los recorridos que esas personas ya han hecho. O sea, que conozcas Bariloche y digas que es lo más hermoso que hay en Arg no significa que me vas a convencer de hacer lo mismo. Es más, he llegado al punto en que ese país me vale tres atados. Así como llegó el punto en que saber bailar y amar la salsa me valió, porque simplemente no hay con quién bailar, ha llegado el punto en que ya se murió el sueño de ir allá.

He tomado también otro tipo de actitud con la familia de mi esposo. Al principio obvio intentar caerles bien y todo, pero luego de un tiempo el que me contradigan cualquier cosa que yo opine como que me va cansando. Que me regalen vírgenes en cuadros y estatuillas no me va a convencer de tener hijos por más joven que sea, el que hablen mararvillas de sus malcriados hijos no me va a impedir de poner mala cara por sus gritos y chillidos. El que intenten convencerme de que me crezca la fe, piense que ir a los toros es lo mejor que puede hacer un quiteño y que el presidente es lo peor que nos ha pasado en el país no me va a convencer de que tienen la razón. Jamás voy a creer en la religión, jamás voy a apoyar la muerte de esos animales por más IN que sea el evento y lo que piense o deje de pensar del presidente es asunto mío.

Últimamente ando super hater. No aguanto a nadie, quiero escaparme a algún lado, quiero hacer cosas nuevas, aunque sea por un día, pero simplemente no puedo...

3 comentarios:

Efren (a.k.a. Ludovico) dijo...

resiste

El Sebas dijo...

Fight for your right to party...

El Sebas dijo...

Fight for your right to party! Nat

 

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