viernes, 27 de marzo de 2009

Atrasada. Siempre salía atrasada de su casa y perdía el bus que la llevaría a su trabajo, por lo que siempre debía tomar dos buses para llegar. Su andar era seguro, siempre demostraba mucha seriedad en su rostro, no volvía la mirada a ningún llamado de cualquier hombre a menos que reconociera su voz o la llamaran por su nombre.

Esta vez no fue diferente, tenía diez minutos para llegar a su trabajo, pero lo lograría en mínimo veinte, dependiendo del tráfico y de la disponibilidad de transporte (es extraño, mientras más atrasado estás menos buses hay y todos los semáforos te encontrarán con la luz roja). Esperaba ella el bus mientras escuchaba los pitos de los autos y los piropos de sus choferes, quienes frenaban un poco al acercarse a ella. Dios cómo le molestaba que hagan eso! Sin embargo la expresión de su rostro era la misma.

Seguía esperando, el bus que no pasaba. Hasta que sintió que un carro se detuvo por completo junto a ella, se asustó un poco y fue inevitable que regrese a ver. Un chico, reconocía su cara de algún lado y solo atinó a escuchar '...as a la oficina?', ya estaba atrasada, y ya lo conocía, era delgado, moreno, lentes sin marco, nariz fina, ojos oscuros, labios delgados, cabello corto y lacio. Claro! él también trabajaba en la misma empresa pero en otro departamento, varias veces se habían cruzado en las instalaciones. Agradeció por el favor de llevarla (por lo general hay muchos empleados que pasan cuando ella espera transporte y fingen demencia).

Comenzó la conversación... Cómo estás? Atrasada. Risas. Yo también, de hecho estoy con una resaca terrible... Y así él le comentaba de la fiesta de la noche anterior. Ella no es muy conversona y mucho menos cuando es con un desconocido, esta vez no fue la excepción, se limitaba a sonreír y asentir, de rato en rato lanzaba uno que otro comentario como para matar un poco el silencio. No estaba aburrida, para nada, de hecho se divertía mucho con esas historias. Oye pero cuando te hable no esperaba una respuesta de ti sino una piedra... qué seria que eres! Ah sí... yo en la calle no conozco ni reconozco a nadie, no te asustes. Ah... a propósito, como te llamas? Lorena, respondió ella.. Y tú? Mucho gusto, mi nombre es Carlos.

Llegaron, se despidieron, él tomó el camino de la derecha y ella el de la izquierda. Chao! un gusto! Igualmente!!! Varias veces se encontraban en los pasillos, o a la hora del almuerzo. Al ser él tan apuesto y tan atento con ella era obvio que serían víctimas de las miradas de otras personas (especialmente de mujeres) de la empresa. No les importaba, de hecho hasta lo disfrutaban.

Cinco minutos (que pueden ser de atraso) para cambiarte la vida, entristecerte, tomar decisiones, conocer gente, ser el centro de atención, ser un parásito, soltarte una sonrisa, una mirada de ira, otra de ternura. Cinco minutos que te bastan para agradecer por el resto de tu vida.

1 comentarios:

Danna Hanna Avendaño dijo...

a veces tu vida puede depender de un minuto que ganaste y/o perdiste... así es nuestro universo de loco.

 

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