Son días de no conversar, porque no importa cuántos dispuestos existan, no puedo escuchar.
Son días de no dormir, porque hay demasiado en qué pensar.
Son días de no molestar, porque no están disponibles cuando los necesitas.
Son días de tragar el llanto, las iras, frustraciones y miedos...
porque nadie está dispuesto a aguantar tanta mierda.



